Wednesday, October 04, 2006
Raúl Pemonti salió de la facultad alrededor de las siete de la tarde de ese 27 de Marzo de 1999.Dia lluvioso de primavera en la ciudad de Buenos Aires, la gente se chocaba con los paraguas, se veía correr a algunos, otros inventaban formas para cubrirse la cabeza y este contador de treinta años pasó por el molinete cuando el subte estaba partiendo de "Facultad de Medicina".Estaba cansado, pero no le molestaba esperar.Mientras esperaba el paso de tiempo, o que llegue el subte(quizás ambas cosas, no lo sé) observaba a su alrededor. Aquella larga plataforma se iba poblando(nunca se animó a ir al fondo, quién sabe por qué).Intuía que había una demora y la expresión de su rostro cambió notablemente cuando vio a una jóven de unos veintisiete años que se encontraba al fondo de la plataforma.Intercambiaron miradas y ella dudó unos segundos, pero después decidió hablarle. Se acercó para preguntarle si sabía lo que estaba pasando. No sabía qué responderle y se estaba poniendo nervioso, su corazón latía cada segundo más fuerte y el sudor caía por la camisa. A medida que se aproximaba, iban intercambiando miradas y ella sonreía.Se paró junto a Raúl y tardaron en empezar la conversación. Se empezaron a mirar y en un momento se presentaron dandose la mano (su nombre era Luisa). Qué poco romántico que fui, por qué le di la mano?-¿Hay una demora?- preguntó la señorita con un tono cordobés.¿Qué le respondo?. Debía pensar rápido, por lo que le dijo que presumía que había una demora, seguramente una huelga gremial en re clamo de aumentos salariales, ya estoy cansado de que los dirigentes no cumplan los convenios de trabajo, que no se respeten las leyes pero el deseo de vivir en una unidad común sigue estando "vigente". Tampoco Luisa(qué nombre tan poco común) sabía cómo seguir la conversación, se veía su nerviosismo al moverse y al hablar, pero le respondió con una sonrisa; eso demuestra que valió mas que haber continuado hablando.Silencio. Ninguno sabía que decir y Luisa no podía seguir manteniendo mantener esa sonrisa "amistosa". A Luisa la diferencia de edad no le importaba mucho, al fin y al cabo eran solo siete años. "Por razones gremiales el servicio se encuentra suspendido, disculpe las molestias. Por razones...". Al menos, ahora tenían un tema para hablar; aun así no cambió mucho. Raúl quería mirarla, pero no se atrevía. Había algo que lo intimidaba(¿sería porque nunca había antes se había "atrevido" a hablarle a una chica?), debía ser como un juego de "ida y vuelta", fuí yo quién hablo por última vez, ahora le tocaba a ella.Por suerte, el juego se hizo real y Luisa preguntó
¿Escapar o resistir? - Inicio de la novela-
Hola, quisiera compartir con ustedes las primeras 6 páginas(por ahora van 28) de la novela que estoy escribiendo.
Cariños.
¿ESCAPAR O RESISTIR?
Abrí los ojos lentamente, como si hubiese estado dormido un largo tiempo. No comprendía dónde estaba ni porqué me encontraba allí. A los pocos minutos, una persona con un delantal largo de color blanco tocó la puerta. Entró y supuse que era un doctor, pero aún así, no sabía por qué estaba en un hospital. Todo era tan confuso. No podía evocar nada, pero... algo me habría pasado para estar aquí, pero no podía recordarlo, tampoco podía evocar alguna otra cosa.
Sus labios se movían, pero no podía oír lo que quería decir. Levanté lentamente la mano para pedirle que se acerque, y así lo hizo. Nuevamente, pude observar que movía la boca pero seguía sin poder escucharlo. Se percató de esa situación, agarró una hoja de su maletín, luego una lapicera azul y puso la hoja(más bien era un panfleto)enfrente de mis ojos. La nota decía<< ¿Cómo te sientes?>>. Si bien no podía hablar ni escuchar, la mano si la podía mover; por lo que levanté mi pulgar derecho para indicarle que estaba bien. No sé porque lo hice, porque realmente no me sentía de esa manera.
Creo que luego le señalé la boca y posteriormente los oídos. Nada hizo, se retiró y aunque había despertado, sentía que mi fin estaba comenzado.
Aunque no sabía que hora era, intuía que el sol estaba cayendo. Siempre uno tiene una concepción del tiempo, tratando de encontrar la <>. Me habré quedado con la espalda inclinada levemente hacia delante unas tres horas hasta que vino una enfermera, que aparentaba ser veinte años mayor que yo. Era corpulenta y su pelo era rojizo, y aunque se la veía cansada a esta señora, yo debía estar peor.
Al igual que el médico, movía los labios, pero no la podía escuchar. Probé leer los labios pero requería demasiada concentración, por lo que no me podía comunicar con nadie. Seguramente decía, en una voz gruñona: “Acá está la comida”, partió y me acerqué a la bandeja, tomé el tenedor sigilosamente e intenté tomar el pedazo de carne. No tenía la fuerza suficiente como para levantarlo e insertarlo en mi boca. ¿Qué hacer, pues?.No puedo escuchar ni hablar, se me cae la comida; ¿algo más me tiene que pasar?.Con gran esfuerzo, pude tirar la bandeja al piso con fuerza y comencé a tentarme de la risa. A los pocos minutos, vino la misma enfermera, pero esta vez aparentaba estar más contenta. Fue por la bandeja y también estaba tentada de la risa. Al no poder escuchar, intuía que su risa sería muy graciosa por el tono de su voz
Al día siguiente, vino una enfermera muy apuesta, unos años menor que yo. AL igual que el médico, escribió en una pequeña hoja ¿Cómo te sientes?. No sé qué paso, pero pude escuchar y luego hablar. Bien, gracias. Me alegro,¿necesita algo?. Que se retire.
¿Por qué me comporte tan mal? Que falta de respeto la mía.¿Será que me puse nervioso porque fue la primer MUJER que vi luego de... mi accidente? No sé si fue un accidente, aunque poco a poco voy recuperando la memoria.¿Será que no me quiero acordar? Si, seguro que es eso, el inconsciente quiere reprimir y aislar la verdad de mi pasado.
Qué aburridos eran mis días allí. Esperaba cada día ansiosamente la comida y pasaba las horas leyendo. Apenas me percaté de que podía hablar, saqué provecho de la situación y pedí a la enfermera(Josefa era su nombre, no se porqué, pero ese nombre lo relaciono directamente con una maestra de primaria, poco amigable) si en el hospital tenían algún libro para poder prestarme. Dijo que iba a averiguar y que volvería enseguida. ¡Ah!,¡Ah!, Tenía noción del tiempo, a pesar de estar las persianas cerradas, pero me guiaba por lo poco de luz que podía entrar.
Los minutos pasaban y pensé que quizás Josefa se encontraba enojada por haber tirado la comida. Al fin y al cabo, salí totalmente perjudicado y no me atrevía a pedirle que me traiga la comida.
Aun así, luego de una <> espera regresó y me comentó algunos títulos(los pocos que no eran técnicos, que tenían en la biblioteca del hospital.)De aquellos, le pedí dos y me los trajo a los pocos minutos. Gracias, realmente y perdón por haber tirado la bandeja. Está disculpado buen mozo, comprendo su situación. Luego de veintisiete años de trabajar aquí uno ya está acostumbrada a cualquier cosa. ¿A que se refiere?. No es para asustarlo, pero lo que quiero decir, este es un hospital psiquiátrico y los que aquí vienen sufrieron graves problemas psicológicos.
Me quedé callado alrededor de tres minutos y mientras, Josefa me miraba atentamente. Menos mal que me dijo <>. Recién ahora me entero dónde estoy, pero como pensaba antes, no sé todavía por que estoy en este lugar. ¿Por qué? ¿Por qué será?.
Gracias por la información, voy a leer un rato. A las ordenes, adiós.
El primer libro que miré fue una novela policial, nunca me interesaron demasiado, por lo que solo quería hacer cosas que me satisficieran, que les encontrara placer. Habré sufrido bastante ya en mi vida. Mejor dicho, me habrán hecho sufrir en mi vida, espero poder saber el porqué. Dejé ese libro sobre la mesita de luz que estaba junto a la cama y toqué el botón para llamar a la enfermera.
Ya estaba cansado de ver a Josefa, pero la mayoría de las veces(por no decir todas) a uno no le salen las cosas como quiere. Vino ella y le pedí por favor si podía venir aquella enfermera que me había atendido el día anterior.
Ah, ¿Daniela?, ¿Una señorita joven, muy apuesta?.Que mala suerte, pero los martes es su día de franco. ¡Qué pena!,¿tiene una idea de cuando podré salir de aquí?.Lamentablemente, no lo sé; llamaré al doctor y el le sabrá decir. Gracias, Josefa.
Se estaba retirando, pero le dije que espere un instante. Conversamos acerca de su vida(no sabia nada de la mía, así que por lo menos quería conocer la suya).Me comentó que siempre trabajó en este hospital, que pasaron muchas cosas en su vida y en el hospital durante estos veintisiete años(fue abuela, se mudó, entre otras cosas ya no tan interesantes.
No sé si sabía, pero este mismo hospital, que era estatal, fue privatizado hace dos años. A partir de ese momento, todo cambió. Fue un movimiento de privatizaciones(aeropuertos, empresas de servicios y transportes, entre otras cosas) que llevó a la situación de hoy. Miles de trabajadores fueron despedidos, la brecha entre los ricos y pobres se aumento considerablemente. Fue muy triste todo lo que pasó, esperemos que las cosas empiecen a cambiar pronto. El país necesita recuperarse.
Sus palabras hicieron eco en mí, pero me conmovió tanto, que no sabía qué decir. Por suerte, en ese momento, llegó el médico.
Tengo muy buenas noticias para usted: Hoy mismo a la tarde, le será dado el alta.¡Ah!, justo cuando estaba empezando a disfrutar de este lugar. Me alegro que se encuentre bien, ¿podré hablar con algún familiar para indicarle cómo seguirá el tratamiento?.Estoy solo, no tengo a nadie; es más, no se quién soy ni por qué estoy aquí,¿sería tan amable de decirme qué me ha pasado?.
Mientras conversábamos, Josefa se quedó>. Noté que el médico(no sé el nombre, tampoco me interesaba mucho saberlo) se puso un poco nervioso por mi pregunta. Así habrán transcurrido dos minutos, los tres en silencio. Él no pudo dominar la situación y se fue corriendo.
Josefa, que se había hecho la que no conocía mi historia clínica, me comentó que sufrí un accidente automovilístico en una ruta en la provincia de Mendoza. Lo que no entiendo es por qué estoy en un hospital psiquiátrico y no en uno normal. Aun así, no quería meterla en una situación incómoda, por lo que le respondí: Está bien. Me preguntó si necesitaba algo más y le respondí que no, agradeciéndole por su gentileza.
Miré la tapa del segundo libro(“¿Escapar o resistir?”) y parecía ser de mi interés. El tema central era la última dictadura militar argentina, que duró desde 1976 hasta 1983.Empecé a leerlo, era muy atrapante. El sol empezaba a caer, por lo que suponía que pronto me irían a buscar para acompañarme a la salida. En ese entonces, todavía no sabía si podía caminar o no. Como iba diciendo, el sol se ocultaba y el doctor estaría por llegar.
Seguía esperando y no venía. Seguramente después de haberse ido corriendo de mi habitación, no tendría el coraje para enfrentarme. Apareció Josefa, diciéndome que me acompañaría hasta tomar un taxi.
Se acercó, me tendió su mano y pude pararme. Muy bien... Hemos estado hablando, pero no sé su nombre. Discúlpeme, no me presenté. Soy..., mi nombre es... Sepa perdonarme, no puedo recordar mi nombre, no recuerdo nada de mi vida.
Le seguí el juego del accidente(aunque presumía que no era verdad) diciéndole que seguramente estoy sufriendo las consecuencias neurológicas.
Si no sé mi nombre,¿cómo saber a donde me tengo que dirigir?.¿ Tendré una casa?. No creo que tenga familia porque en ese caso me visitarían constantemente. ¿Estaré solo en mi vida?.
Me fije si mi documento estaba en la mesita de luz, pero tampoco lo encontré allí. Como decía antes, no tenía a dónde ir, por lo que Josefa me pregunto qué iba a hacer.
La verdad que no sé, no tengo ni plata, ni ropa, no tengo nada. Lamento tu situación. Podría ser tu madre, así que me pondré en esa posición. Te ofrezco alojamiento en mi casa, Rodolfo, mi esposo, no tendrá problema. Te agradezco, te agradezco; pero intentaré ingeniármelas. No te quiero insistir, vos sabés lo que haces. Gracias nuevamente por preocuparte tanto por mí, yo te traté tan mal, no te supe respetar y tiré la comida que me habías traído.
Si seguíamos en ese tono de bondad, ambos empezaríamos a emocionarnos y las lagrimas comenzarían a caer, además no estaba acostumbrado a estar parado tanto tiempo.
Estoy listo,¿vamos?. Antes, te voy a entregar una sorpresa, bueno en realidad son dos. Le pregunté a Rodolfo si te podía prestar un poco de ropa, al menos hasta que tu situación se estabilice y sin dudarlo aceptó. La segunda y última es que te obsequiaré el libro que estabas el libro que estabas leyendo.
Muchas gracias, otra vez. Nunca me lo hubiera esperado. Me caíste bien, te mereces un buen trato. Ahora sí, te acompaño, pero cualquier problema que tengas o si te arrepentís de dormir en mi casa, no dudes en venir a verme. Estoy de domingo a jueves, de nueve a seis de la tarde.
Me cambié la ropa y vi que tenía las piernas en mal estado, como si me hubiera quemado o lastimado fuerte. Finalmente, salimos de la habitación, me dio unos billetes para que pueda arreglarme un tiempo, nos saludamos muy afectuosamente y me retiré. No hacía frío porque la primavera estaba por llegar, empecé a caminar. Miraba la luna y las pocas estrellas, mientras, yo caminaba con morosidad. Sentía que todos me miraban, pero eso no me preocupaba. Continúo y me pregunto, ¿Existiré?.Si, indudablemente porque soy percibido. Al menos, eso creo. Se confirma la prueba ontológica: “Toda conciencia es conciencia de algo”, por lo que todos nuestros pensamientos no pueden concebirse sino de una forma entrelazada.
Estaba muy cansado, tantos días de inactividad... Estaba ansioso por llegar, pero ¿adónde?.Lo hacía sin rumbo, a esa dirección desconocida. Claro, como iba a saber adónde dirigirme si no recuerdo nada de mi pasado. Habré estado caminando media hora, hasta que llegué a una plaza, pero no sabía dónde estaba, era como si me hubieran llevado a otro planeta unos años y al volver, me borraban el contenido del cerebro. Lo único que llevaba conmigo era una pequeña bolsa que me había armado amablemente Josefa, con ropa de su marido. En el pantalón llevaba los billetes que me había dado, pero todavía no quería usarlos. Hambre no tenía y gastar por gastar, no tiene sentido(aunque mucha gente haga de gastar un dinero una diversión. Me senté al lado de un tobogán y aunque no lo había visto, a pocos metros había un señor que dormía ahí.
¿Hace mucho vive acá?.Si te empezara a contar mi historia... ¿cuándo terminaría?.No se preocupe, tengo mucho tiempo. Ya perdí la cuenta de los años, estoy solo y sin nada. Mi vida se derrumbó cuando me despidieron de la fábrica textil, allá en San Martín. Llegaron unas máquinas importadas que acabaron reemplazando el trabajo del hombre. Qué lastima, amigo... perdón, ¿cómo se llama?.Dionisio es mi nombre, ¿el suyo?.No sé mi nombre, no lo recuerdo. ¡Qué cómico!, Vamos, no tenga miedo. Parece gracioso, pero realmente no sé como me llamo. Hace unos días o meses, me desperté en un hospital, vaya a saber porqué; una enfermera me dijo que sufrí un accidente automovilístico, pero si fuese así mis músculos estarían atrofiados, me costaría mucho moverme. Realmente, no sé que decirle.¿Y por qué no va a su casa?.Es que ni se si tengo un hogar, no sé si tengo familia, solo sé que no sé nada. Puede quedare aquí si quiere, cada tanto vienen a traernos un vaso de café y unas galletitas, la gente nos tiene miedo, piensa que les vamos a robar, o hacer daño, pero le digo que no es así.
Me quedé a dormir con él, aunque era Septiembre, a la noche siempre se sufre un poco el frío. Dormí junto a la escalera de un tobogán y el sol nos despertó. Como tenía el dinero que Josefa me había dado, pensé aprovecharlo, invitándolo a desayunar. Mientras buscábamos una confitería, vi un cartel que decía: PLAZA LIBERTAD. Aun así, ese nombre no me decía nada, porque seguía estando sin saber dónde me encontraba.
Comimos unas ricas tostadas con mermelada y un té. Su rostro cambió considerablemente y pude ver en él una sonrisa. Estaba por pagar y cuando la mesera dijo:¿Quieren algo más?, Dionisio respondió: ¿Podrían ser unos tallarines?.¿Con qué salsa? Pesto, por favor. Muy bien, con permiso.
Al salir, me dio un fuerte abrazo, agradeciéndome. Me puso muy contento que haya comido, pero eso me llevó a reflexionar.¿Uno hace las cosas porque le gusta ayudar realmente o lo hace para estar feliz con uno mismo?.Me inclinaba por la segunda opción, la mayoría de las veces(por no decir siempre) actuamos para estar mejor y tener el autoestima más alto.
Estaba a punto de salir y me encontré con la enfermera del hospital que me había gustado. Nos miramos, no supimos lo que hacer y cada uno siguió su rumbo. Habíamos caminado hasta la esquina, en ese momento le dije a Dionisio que me espere. Volví al bar y me senté junto a ella.
¡Qué sorpresa encontrarte acá! No sé a quién estás buscando, pero no te conozco. ¿Ya te olvidaste de mí?. Antes de seguir hablando, recordé que no sabía mi nombre, me hizo salvar de un papelón. Estaba en el hospital, me dieron el alta ayer. No sé de que estás hablando.
Ambos nos quedamos callados y un hombre salió del baño y se dirigió a su mesa.¿Algún problema, mi cielo? No, se confundió de persona. Ya la escuchaste, así que te puedes ir, gracias.
No lo había visto a ese hombre antes. Me fui porque Dionisio me estaba esperando en la esquina. Cuando llegué, ya no estaba. Miré a mi alrededor, pero no pude encontrarlo.
Repentinamente, se puso a lloviznar. Córdoba y Libertad, pleno centro porteño según me dijeron cuando le pregunté a un joven pelado, muy apuesto, vestido con traje y camisa. No tiene mucho que ver, pero creo que todos tenemos una parte homosexual dentro nuestro. Le pregunté como se llamaba y me dijo Juan Sebastián, no era un nombre muy común me dijo. Cómo no podía ser de otra manera, me preguntó cómo me llamaba yo. No sé porque sigo haciendo esa pregunta, mi inconsciente debe querer encontrar su identidad. Le respondí lo mismo de siempre. Perdóname, pero estoy apurado, tengo una reunión enfrente de Tribunales. Está bien, ningún problema. Seguramente le habrá impresionado lo que le conté, por lo que me dejó su teléfono en caso de que necesite algo.
Quise volver al hospital para hablar con Josefa(bueno esa sería la excusa), en realidad quería ver a la joven enfermera. Estaba confiado en que no era aquella que yo creía, como bien dicen, las apariencias engañan. Como iba diciendo, quería volver al hospital. Josefa me había dicho que cuando necesite algo, la vaya a visitar, pero me olvidé de pedirle la dirección. Lleva un tiempo acostumbrarse a mi problema de memoria. Empecé a caminar por la avenida Córdoba, hasta que cuando llegué a la intersección con la Avenida Pueyrredon, le pregunte a una señora mayor, típica abuela, si había cerca un hospital. Hablaba y me daba indicaciones, pero no me atreví a decirle que no entendía lo que me decía, mientras me daba las indicaciones, asentía con la cabeza. Gracias, que tenga un buen día. Esperé a que haya caminado un poco, porque quedaba muy mal, iba a pensar que no entendí lo que me dijo. Caminaba lento, pero como ya se había alejado unos metros, le pregunté a otra persona. Si, está el hospital de Niños a unas cuadras, si te digo cuántas te miento, pero cuando llegues a la calle Gallo doblas a la derecha y de ahí deben ser dos cuadras, ese es el hospital más cerca. Buenísimo, gracias.
Caminé mirando atentamente el tránsito, qué difícil debe ser manejar.¿Sabré conducir un automóvil?. Vuelvo a sentir otra vez lo mismo, como si fuese un extraterrestre, como si me hubieran desplazado de este mundo por un tiempo y vuelvo sin saber nada. Me atiné a preguntar por el hospital y me dijo una señorita(por cierto, muy apuesta) que me había pasado como veinte cuadras. Perdí toda noción.
Al llegar al hospital, decía Hospital de Niños.¿Qué iba a hacer yo en un hospital de niños?, pero sería mucha casualidad que justo sea ese hospital el que estaba buscando. Seguramente debí haber estado en un neuropsiquátrico. Ni pregunté por Josefa, porque como decía antes, no era nada probable que haya estado allí. Al bajar las escaleras, tuve la impresión de haber visto a la joven enfermera(luego de un tiempo recordé que su nombre era Daniela), como no quise pasar papelones nuevamente, no moví la boca-aunque creo que también me miró-, pero no debo seguir persiguiéndome con esas ideas.
¿Adónde ir pues? ¿Seguir buscando el hospital? Lograría encontrar a esta joven enfermera, quiero decir... a... Romina, si, Romina se llama.¿Llamar a Juan?, Pero no tengo plata. Ah, si, lo que Josefa me había dado. Llamé a Juan y a las dos horas me fue a buscar a la esquina del hospital. Aquí se murió una hermana mía a los doce años, así que recuerdo muy bien este lugar. ¡Qué pena, lo siento!. ¿Adónde querés ir?.No sé, tu dirás, yo soy como un extraterrestre en esta tierra. ¿ Querés ir a mi departamento, te cambias, te vestís, comemos algo?. Bueno, está bien.
Estuvo conduciendo veinte minutos-exactamente-. Durante el viaje me contaba que vive solo, trabaja en un estudio de abogacía y que tiene novia. El barrio se llama Belgrano, hay muchos comercios, galerías y lugares para ir a comer.¿Lugares para comer?, ¡Qué bueno. ! Ambos nos quedamos en silencio, hasta que me miró y se empezó a reír.
Luego, llegamos al departamento, era de tres ambientes, muy bien decorado y parecía ser cómodo. Sentite como en tu casa, este va a ser tu cuarto, cualquier cosa que precises, me llamas. Muchas gracias-dije- y luego le di un fuerte abrazo. Tenía sesión con el psicólogo, pero me dijo que luego me tocaría el timbre e iríamos a comer.
Eran las 21:10 y estaba esperando que Sebastián toque el timbre. A los pocos minutos, tocó el portero eléctrico y como si fuese una persona de este mundo contesté “Si, ya voy. Ahora bajo”
No fuimos muy lejos, caminamos hasta un café con estilo francés a unas tres cuadras de mi casa. Nos sentamos y al rato vino la mesera. Observé su rostro atentamente y perplejo no pude sacarle la vista. Al igual que en muchos otros bares, restaurantes, las mozas tienen un cartel con su nombre. Miré atentamente a este y decía: Romina, junto a él estaba el logotipo del café.
-Buenas noches caballeros. ¿Van a cenar o simplemente tomar algo?- dijo ella
Por la confusión que me trajo su rostro, decidí dejar que hable Sebastián.
-Solo vamos a tomar algo-
-Muy bien. ¿Qué van a tomar?
-Yo un cortado y mi amigo... -
No podía dejar de mirarla, era hermosa. No era muy alta, sus ojos brillaban al verla y era de buen parecer. Era un rostro conocido para mí, pero no podía recordar de dónde. Me percaté de que me estaba mirando fijamente los dos y dije: -Otro cortado-
-¿Los dos en jarrito o en pocillo?-
Al mismo tiempo, el “Jefe” dijo pocillo y yo en jarrito.
Romina se empezó a reír, y luego, a los pocos segundos, nos contagió a nosotros.
-Es vuestra decisión- dijo ella
No podía abandonar su sonrisa, que no era de compromiso, sino que era real, y se fue
-Sebastián... De algún lado la conozco, estoy más que seguro, lo único que no se dé dónde, pero es realmente muy bella, ¿no es así?
-No te conozco a vos, así que tampoco puedo saber eso.
-Sí, tenés razón.
En ese momento volvió Romina, dejó los cafés sobre la mesa, me sonrió y se fue. Otra vez me quedé vacilando sobre su mirada.
-Lo mejor será que vayas y la encares. Sácate todas las dudas-
-Sí, pero...
-¿Pero que? Ya sos <>.
-Es que no sé que decirle
-¡Jaja! -Dale, déjate de decir bobadas Arturo. ¿Me vas a decir que no sabés cómo levantarte a una mina?
-Nunca lo hice, al menos eso creo. Sinceramente, no sé, te había contado antes que no recuerdo nada de mi vida.
-Me olvidaba. Perdóname entonces, pero seré claro y preciso. Hay técnicas para enseñar teatro, para aprender piano, entre otras cosas. Sin embargo, para lo relacionado con el amor no existe una técnica. Vos te vas haciendo tu propio “método”, instante a instante pensás y lo incorporas a tu “técnica” mediante el “ensayo-error”, tal como lo dijo un psicólogo que iba cuando era adolescente, que se llamaba Miguel.
Mientras la charla tomaba sabor, bebíamos el café pero en un momento nos miramos y esas mirada significaban <>. Íbamos a llamar a Romina, la mesera, para pedirle algo de comer, pero decidimos que sería mejor seguir conversando.
-Gracias por tu ayuda. Te parecerá raro pero yo pensé que había libros que explicaban el modo de hablarle y conquistar a las mujeres y que todos los hombres del mundo se guiaban por él. Ahora me gustaría que me cuentes vos sobre tu infancia.
-Bien. No fue una etapa sencilla tampoco, pero tampoco fue sufrida. Crecí demasiado rápido, por ejemplo, el pene creció de tamaño muy rápidamente, mi voz se tornó mas grave y demás cosas que hacen ver a uno que está cambiando. Además, mientras yo crecía, ellos, mis compañeros, permanecían igual y me burlaban porque me crecía la barba o porque mi voz era grave. Cuando me reía me molestaban y me decían que era el sonido era como el de un motor.
- Y, ¿con respecto a las mujeres?
-Al principio de la adolescencia, alrededor de los 12, 13 años, empecé a sentir realmente lo que es el amor. Recuerdo a Delfina, a ella le regalaba flores, poemas, que en ese entonces no eran escritos por mí, y demás cosas. La insistí, fui muy cargoso, pero siguiendo el gran consejo de Miguel, mi psicólogo, el de la teoría “ensayo-error”.
-Es interesante esa teoría, y se puede aplicar en cualquier ocasión
Basta de hablar y empezar a actuar fue lo que pensé, llamé a Romina.
Ustedes dirán... No dejaba de tener la mirada fija hacia mí, que me intimidaba y al mismo tiempo me reconfortaba. ¿Qué tortas tienen?.Las que nos quedaron son de dulce de leche con brownie y merengue, manzana con salsa de peras y una de banana con trocitos de naranja y macaruyá.
Mientras hablaba, se me hacia agua la boca. Todas parecen exquisitas, pero, ¿cuál nos recomendás?.La última, la de banana es imponente. No tiene comparación. Tú lo has dicho, que sea esa entonces. Con permiso.
Se retiró y a los pocos segundos, lo hice yo también. Fue a la barra, pidió nuestra torta(No tiene voz gruesa, pero es fuerte) y se dirigió a la mesa 13, que estaba muy cerca de la nuestra. Volvió y se percató de que la estaba esperando. Ese era mi momento, para el cual había esperado casi toda mi vida.
-Pensé que estabas entretenido con tu amigo
-¿Nos conocemos de algún lado o me parece?- Al cajero no le gustó nada que esté hablando con ella, entonces, le hizo señas para que vaya a atender las mesas. Sin vacilar, me quedé allí, junto a la puerta de la cocina esperando que regrese. Me dijo que lo mejor sería que hablemos otro día
Volví a nuestra mesa, la 51.Nunca entendí porque tanto en los cafés como en los bares, las mesas no están en orden los números. Se asombró por el poco tiempo que estuve hablando con ella, pero le expliqué que debía seguir atendiendo las mesas...
La moza, trajo la tan recomendada torta de banana, pero ni a Sebi ni a mí nos gustó. Es más, tenía un sabor amargo y extraño. Aun así, como en tantas circunstancias de la vida, por compromiso y por amor, entre otras cosas, uno debe continuar y actuar como si nada pasara.. Eran la una menos cuarto. Se había hecho tarde y Sebi no vivía muy cerca del bar. Su mujer, Carolina, ya habría vuelto del cumpleaños y sus hijos estarían durmiendo. Para mí, pensar en <>implica todo un destino nuevo e incierto, mucho para descubrir, pensar y sobre todo, hacer
La noche terminó, para variar, pidiendo la cuenta. De chico observaba las típicas peleas de los adultos sobre quien invita. Esta vez, yo no era espectador, sino “co protagonista” de esa historia.
Muchas veces uno se quiere resistir e intenta hacerle creer al otro que tiene ganas realmente de pagar, lo que sería más divertido es si los dos están pensando esto mismo al mismo tiempo. Pero, eso no viene al caso, la pasé muy bien con él, pudimos conocernos –antes simplemente era mi jefe. Además, me incentivó para que siga buscando el libro, que con buen ánimo lo encontraría. Era mi jefe, a pesar de que nuestra relación había cambiado. Romina miraba atentamente a cada uno. Me cansé y pagué con efectivo. No porque esté acostumbrado a que en no pocos lugares hagan descuentos, sino porque en parte estoy en contra de la tecnología. Con su avance, se pierden muchos valores, aunque al mismo tiempo se gane tiempo. Lo peor de todo es que termina con el trabajo de la gente, y ese es uno de las causas de tanta desocupación: las expendedoras automáticas reemplazaron a los vendedores. Otro gran problema en el mundo del Siglo XXI es la explotación.
La noche terminó tal como lo esperaba. Romina me dio un beso, pero no fue uno común, emanaba dulzura por doquier. A través de él, pudo expresar su sentimiento que concordaba con el mío.¿Quién lo hubiera imaginado? Hace horas estaba en un hospital y ahora con una mujer(no era cualquier mujer, era especial).
Cariños.
¿ESCAPAR O RESISTIR?
Abrí los ojos lentamente, como si hubiese estado dormido un largo tiempo. No comprendía dónde estaba ni porqué me encontraba allí. A los pocos minutos, una persona con un delantal largo de color blanco tocó la puerta. Entró y supuse que era un doctor, pero aún así, no sabía por qué estaba en un hospital. Todo era tan confuso. No podía evocar nada, pero... algo me habría pasado para estar aquí, pero no podía recordarlo, tampoco podía evocar alguna otra cosa.
Sus labios se movían, pero no podía oír lo que quería decir. Levanté lentamente la mano para pedirle que se acerque, y así lo hizo. Nuevamente, pude observar que movía la boca pero seguía sin poder escucharlo. Se percató de esa situación, agarró una hoja de su maletín, luego una lapicera azul y puso la hoja(más bien era un panfleto)enfrente de mis ojos. La nota decía<< ¿Cómo te sientes?>>. Si bien no podía hablar ni escuchar, la mano si la podía mover; por lo que levanté mi pulgar derecho para indicarle que estaba bien. No sé porque lo hice, porque realmente no me sentía de esa manera.
Creo que luego le señalé la boca y posteriormente los oídos. Nada hizo, se retiró y aunque había despertado, sentía que mi fin estaba comenzado.
Aunque no sabía que hora era, intuía que el sol estaba cayendo. Siempre uno tiene una concepción del tiempo, tratando de encontrar la <
Al igual que el médico, movía los labios, pero no la podía escuchar. Probé leer los labios pero requería demasiada concentración, por lo que no me podía comunicar con nadie. Seguramente decía, en una voz gruñona: “Acá está la comida”, partió y me acerqué a la bandeja, tomé el tenedor sigilosamente e intenté tomar el pedazo de carne. No tenía la fuerza suficiente como para levantarlo e insertarlo en mi boca. ¿Qué hacer, pues?.No puedo escuchar ni hablar, se me cae la comida; ¿algo más me tiene que pasar?.Con gran esfuerzo, pude tirar la bandeja al piso con fuerza y comencé a tentarme de la risa. A los pocos minutos, vino la misma enfermera, pero esta vez aparentaba estar más contenta. Fue por la bandeja y también estaba tentada de la risa. Al no poder escuchar, intuía que su risa sería muy graciosa por el tono de su voz
Al día siguiente, vino una enfermera muy apuesta, unos años menor que yo. AL igual que el médico, escribió en una pequeña hoja ¿Cómo te sientes?. No sé qué paso, pero pude escuchar y luego hablar. Bien, gracias. Me alegro,¿necesita algo?. Que se retire.
¿Por qué me comporte tan mal? Que falta de respeto la mía.¿Será que me puse nervioso porque fue la primer MUJER que vi luego de... mi accidente? No sé si fue un accidente, aunque poco a poco voy recuperando la memoria.¿Será que no me quiero acordar? Si, seguro que es eso, el inconsciente quiere reprimir y aislar la verdad de mi pasado.
Qué aburridos eran mis días allí. Esperaba cada día ansiosamente la comida y pasaba las horas leyendo. Apenas me percaté de que podía hablar, saqué provecho de la situación y pedí a la enfermera(Josefa era su nombre, no se porqué, pero ese nombre lo relaciono directamente con una maestra de primaria, poco amigable) si en el hospital tenían algún libro para poder prestarme. Dijo que iba a averiguar y que volvería enseguida. ¡Ah!,¡Ah!, Tenía noción del tiempo, a pesar de estar las persianas cerradas, pero me guiaba por lo poco de luz que podía entrar.
Los minutos pasaban y pensé que quizás Josefa se encontraba enojada por haber tirado la comida. Al fin y al cabo, salí totalmente perjudicado y no me atrevía a pedirle que me traiga la comida.
Aun así, luego de una <
Me quedé callado alrededor de tres minutos y mientras, Josefa me miraba atentamente. Menos mal que me dijo <
Gracias por la información, voy a leer un rato. A las ordenes, adiós.
El primer libro que miré fue una novela policial, nunca me interesaron demasiado, por lo que solo quería hacer cosas que me satisficieran, que les encontrara placer. Habré sufrido bastante ya en mi vida. Mejor dicho, me habrán hecho sufrir en mi vida, espero poder saber el porqué. Dejé ese libro sobre la mesita de luz que estaba junto a la cama y toqué el botón para llamar a la enfermera.
Ya estaba cansado de ver a Josefa, pero la mayoría de las veces(por no decir todas) a uno no le salen las cosas como quiere. Vino ella y le pedí por favor si podía venir aquella enfermera que me había atendido el día anterior.
Ah, ¿Daniela?, ¿Una señorita joven, muy apuesta?.Que mala suerte, pero los martes es su día de franco. ¡Qué pena!,¿tiene una idea de cuando podré salir de aquí?.Lamentablemente, no lo sé; llamaré al doctor y el le sabrá decir. Gracias, Josefa.
Se estaba retirando, pero le dije que espere un instante. Conversamos acerca de su vida(no sabia nada de la mía, así que por lo menos quería conocer la suya).Me comentó que siempre trabajó en este hospital, que pasaron muchas cosas en su vida y en el hospital durante estos veintisiete años(fue abuela, se mudó, entre otras cosas ya no tan interesantes.
No sé si sabía, pero este mismo hospital, que era estatal, fue privatizado hace dos años. A partir de ese momento, todo cambió. Fue un movimiento de privatizaciones(aeropuertos, empresas de servicios y transportes, entre otras cosas) que llevó a la situación de hoy. Miles de trabajadores fueron despedidos, la brecha entre los ricos y pobres se aumento considerablemente. Fue muy triste todo lo que pasó, esperemos que las cosas empiecen a cambiar pronto. El país necesita recuperarse.
Sus palabras hicieron eco en mí, pero me conmovió tanto, que no sabía qué decir. Por suerte, en ese momento, llegó el médico.
Tengo muy buenas noticias para usted: Hoy mismo a la tarde, le será dado el alta.¡Ah!, justo cuando estaba empezando a disfrutar de este lugar. Me alegro que se encuentre bien, ¿podré hablar con algún familiar para indicarle cómo seguirá el tratamiento?.Estoy solo, no tengo a nadie; es más, no se quién soy ni por qué estoy aquí,¿sería tan amable de decirme qué me ha pasado?.
Mientras conversábamos, Josefa se quedó
Josefa, que se había hecho la que no conocía mi historia clínica, me comentó que sufrí un accidente automovilístico en una ruta en la provincia de Mendoza. Lo que no entiendo es por qué estoy en un hospital psiquiátrico y no en uno normal. Aun así, no quería meterla en una situación incómoda, por lo que le respondí: Está bien. Me preguntó si necesitaba algo más y le respondí que no, agradeciéndole por su gentileza.
Miré la tapa del segundo libro(“¿Escapar o resistir?”) y parecía ser de mi interés. El tema central era la última dictadura militar argentina, que duró desde 1976 hasta 1983.Empecé a leerlo, era muy atrapante. El sol empezaba a caer, por lo que suponía que pronto me irían a buscar para acompañarme a la salida. En ese entonces, todavía no sabía si podía caminar o no. Como iba diciendo, el sol se ocultaba y el doctor estaría por llegar.
Seguía esperando y no venía. Seguramente después de haberse ido corriendo de mi habitación, no tendría el coraje para enfrentarme. Apareció Josefa, diciéndome que me acompañaría hasta tomar un taxi.
Se acercó, me tendió su mano y pude pararme. Muy bien... Hemos estado hablando, pero no sé su nombre. Discúlpeme, no me presenté. Soy..., mi nombre es... Sepa perdonarme, no puedo recordar mi nombre, no recuerdo nada de mi vida.
Le seguí el juego del accidente(aunque presumía que no era verdad) diciéndole que seguramente estoy sufriendo las consecuencias neurológicas.
Si no sé mi nombre,¿cómo saber a donde me tengo que dirigir?.¿ Tendré una casa?. No creo que tenga familia porque en ese caso me visitarían constantemente. ¿Estaré solo en mi vida?.
Me fije si mi documento estaba en la mesita de luz, pero tampoco lo encontré allí. Como decía antes, no tenía a dónde ir, por lo que Josefa me pregunto qué iba a hacer.
La verdad que no sé, no tengo ni plata, ni ropa, no tengo nada. Lamento tu situación. Podría ser tu madre, así que me pondré en esa posición. Te ofrezco alojamiento en mi casa, Rodolfo, mi esposo, no tendrá problema. Te agradezco, te agradezco; pero intentaré ingeniármelas. No te quiero insistir, vos sabés lo que haces. Gracias nuevamente por preocuparte tanto por mí, yo te traté tan mal, no te supe respetar y tiré la comida que me habías traído.
Si seguíamos en ese tono de bondad, ambos empezaríamos a emocionarnos y las lagrimas comenzarían a caer, además no estaba acostumbrado a estar parado tanto tiempo.
Estoy listo,¿vamos?. Antes, te voy a entregar una sorpresa, bueno en realidad son dos. Le pregunté a Rodolfo si te podía prestar un poco de ropa, al menos hasta que tu situación se estabilice y sin dudarlo aceptó. La segunda y última es que te obsequiaré el libro que estabas el libro que estabas leyendo.
Muchas gracias, otra vez. Nunca me lo hubiera esperado. Me caíste bien, te mereces un buen trato. Ahora sí, te acompaño, pero cualquier problema que tengas o si te arrepentís de dormir en mi casa, no dudes en venir a verme. Estoy de domingo a jueves, de nueve a seis de la tarde.
Me cambié la ropa y vi que tenía las piernas en mal estado, como si me hubiera quemado o lastimado fuerte. Finalmente, salimos de la habitación, me dio unos billetes para que pueda arreglarme un tiempo, nos saludamos muy afectuosamente y me retiré. No hacía frío porque la primavera estaba por llegar, empecé a caminar. Miraba la luna y las pocas estrellas, mientras, yo caminaba con morosidad. Sentía que todos me miraban, pero eso no me preocupaba. Continúo y me pregunto, ¿Existiré?.Si, indudablemente porque soy percibido. Al menos, eso creo. Se confirma la prueba ontológica: “Toda conciencia es conciencia de algo”, por lo que todos nuestros pensamientos no pueden concebirse sino de una forma entrelazada.
Estaba muy cansado, tantos días de inactividad... Estaba ansioso por llegar, pero ¿adónde?.Lo hacía sin rumbo, a esa dirección desconocida. Claro, como iba a saber adónde dirigirme si no recuerdo nada de mi pasado. Habré estado caminando media hora, hasta que llegué a una plaza, pero no sabía dónde estaba, era como si me hubieran llevado a otro planeta unos años y al volver, me borraban el contenido del cerebro. Lo único que llevaba conmigo era una pequeña bolsa que me había armado amablemente Josefa, con ropa de su marido. En el pantalón llevaba los billetes que me había dado, pero todavía no quería usarlos. Hambre no tenía y gastar por gastar, no tiene sentido(aunque mucha gente haga de gastar un dinero una diversión. Me senté al lado de un tobogán y aunque no lo había visto, a pocos metros había un señor que dormía ahí.
¿Hace mucho vive acá?.Si te empezara a contar mi historia... ¿cuándo terminaría?.No se preocupe, tengo mucho tiempo. Ya perdí la cuenta de los años, estoy solo y sin nada. Mi vida se derrumbó cuando me despidieron de la fábrica textil, allá en San Martín. Llegaron unas máquinas importadas que acabaron reemplazando el trabajo del hombre. Qué lastima, amigo... perdón, ¿cómo se llama?.Dionisio es mi nombre, ¿el suyo?.No sé mi nombre, no lo recuerdo. ¡Qué cómico!, Vamos, no tenga miedo. Parece gracioso, pero realmente no sé como me llamo. Hace unos días o meses, me desperté en un hospital, vaya a saber porqué; una enfermera me dijo que sufrí un accidente automovilístico, pero si fuese así mis músculos estarían atrofiados, me costaría mucho moverme. Realmente, no sé que decirle.¿Y por qué no va a su casa?.Es que ni se si tengo un hogar, no sé si tengo familia, solo sé que no sé nada. Puede quedare aquí si quiere, cada tanto vienen a traernos un vaso de café y unas galletitas, la gente nos tiene miedo, piensa que les vamos a robar, o hacer daño, pero le digo que no es así.
Me quedé a dormir con él, aunque era Septiembre, a la noche siempre se sufre un poco el frío. Dormí junto a la escalera de un tobogán y el sol nos despertó. Como tenía el dinero que Josefa me había dado, pensé aprovecharlo, invitándolo a desayunar. Mientras buscábamos una confitería, vi un cartel que decía: PLAZA LIBERTAD. Aun así, ese nombre no me decía nada, porque seguía estando sin saber dónde me encontraba.
Comimos unas ricas tostadas con mermelada y un té. Su rostro cambió considerablemente y pude ver en él una sonrisa. Estaba por pagar y cuando la mesera dijo:¿Quieren algo más?, Dionisio respondió: ¿Podrían ser unos tallarines?.¿Con qué salsa? Pesto, por favor. Muy bien, con permiso.
Al salir, me dio un fuerte abrazo, agradeciéndome. Me puso muy contento que haya comido, pero eso me llevó a reflexionar.¿Uno hace las cosas porque le gusta ayudar realmente o lo hace para estar feliz con uno mismo?.Me inclinaba por la segunda opción, la mayoría de las veces(por no decir siempre) actuamos para estar mejor y tener el autoestima más alto.
Estaba a punto de salir y me encontré con la enfermera del hospital que me había gustado. Nos miramos, no supimos lo que hacer y cada uno siguió su rumbo. Habíamos caminado hasta la esquina, en ese momento le dije a Dionisio que me espere. Volví al bar y me senté junto a ella.
¡Qué sorpresa encontrarte acá! No sé a quién estás buscando, pero no te conozco. ¿Ya te olvidaste de mí?. Antes de seguir hablando, recordé que no sabía mi nombre, me hizo salvar de un papelón. Estaba en el hospital, me dieron el alta ayer. No sé de que estás hablando.
Ambos nos quedamos callados y un hombre salió del baño y se dirigió a su mesa.¿Algún problema, mi cielo? No, se confundió de persona. Ya la escuchaste, así que te puedes ir, gracias.
No lo había visto a ese hombre antes. Me fui porque Dionisio me estaba esperando en la esquina. Cuando llegué, ya no estaba. Miré a mi alrededor, pero no pude encontrarlo.
Repentinamente, se puso a lloviznar. Córdoba y Libertad, pleno centro porteño según me dijeron cuando le pregunté a un joven pelado, muy apuesto, vestido con traje y camisa. No tiene mucho que ver, pero creo que todos tenemos una parte homosexual dentro nuestro. Le pregunté como se llamaba y me dijo Juan Sebastián, no era un nombre muy común me dijo. Cómo no podía ser de otra manera, me preguntó cómo me llamaba yo. No sé porque sigo haciendo esa pregunta, mi inconsciente debe querer encontrar su identidad. Le respondí lo mismo de siempre. Perdóname, pero estoy apurado, tengo una reunión enfrente de Tribunales. Está bien, ningún problema. Seguramente le habrá impresionado lo que le conté, por lo que me dejó su teléfono en caso de que necesite algo.
Quise volver al hospital para hablar con Josefa(bueno esa sería la excusa), en realidad quería ver a la joven enfermera. Estaba confiado en que no era aquella que yo creía, como bien dicen, las apariencias engañan. Como iba diciendo, quería volver al hospital. Josefa me había dicho que cuando necesite algo, la vaya a visitar, pero me olvidé de pedirle la dirección. Lleva un tiempo acostumbrarse a mi problema de memoria. Empecé a caminar por la avenida Córdoba, hasta que cuando llegué a la intersección con la Avenida Pueyrredon, le pregunte a una señora mayor, típica abuela, si había cerca un hospital. Hablaba y me daba indicaciones, pero no me atreví a decirle que no entendía lo que me decía, mientras me daba las indicaciones, asentía con la cabeza. Gracias, que tenga un buen día. Esperé a que haya caminado un poco, porque quedaba muy mal, iba a pensar que no entendí lo que me dijo. Caminaba lento, pero como ya se había alejado unos metros, le pregunté a otra persona. Si, está el hospital de Niños a unas cuadras, si te digo cuántas te miento, pero cuando llegues a la calle Gallo doblas a la derecha y de ahí deben ser dos cuadras, ese es el hospital más cerca. Buenísimo, gracias.
Caminé mirando atentamente el tránsito, qué difícil debe ser manejar.¿Sabré conducir un automóvil?. Vuelvo a sentir otra vez lo mismo, como si fuese un extraterrestre, como si me hubieran desplazado de este mundo por un tiempo y vuelvo sin saber nada. Me atiné a preguntar por el hospital y me dijo una señorita(por cierto, muy apuesta) que me había pasado como veinte cuadras. Perdí toda noción.
Al llegar al hospital, decía Hospital de Niños.¿Qué iba a hacer yo en un hospital de niños?, pero sería mucha casualidad que justo sea ese hospital el que estaba buscando. Seguramente debí haber estado en un neuropsiquátrico. Ni pregunté por Josefa, porque como decía antes, no era nada probable que haya estado allí. Al bajar las escaleras, tuve la impresión de haber visto a la joven enfermera(luego de un tiempo recordé que su nombre era Daniela), como no quise pasar papelones nuevamente, no moví la boca-aunque creo que también me miró-, pero no debo seguir persiguiéndome con esas ideas.
¿Adónde ir pues? ¿Seguir buscando el hospital? Lograría encontrar a esta joven enfermera, quiero decir... a... Romina, si, Romina se llama.¿Llamar a Juan?, Pero no tengo plata. Ah, si, lo que Josefa me había dado. Llamé a Juan y a las dos horas me fue a buscar a la esquina del hospital. Aquí se murió una hermana mía a los doce años, así que recuerdo muy bien este lugar. ¡Qué pena, lo siento!. ¿Adónde querés ir?.No sé, tu dirás, yo soy como un extraterrestre en esta tierra. ¿ Querés ir a mi departamento, te cambias, te vestís, comemos algo?. Bueno, está bien.
Estuvo conduciendo veinte minutos-exactamente-. Durante el viaje me contaba que vive solo, trabaja en un estudio de abogacía y que tiene novia. El barrio se llama Belgrano, hay muchos comercios, galerías y lugares para ir a comer.¿Lugares para comer?, ¡Qué bueno. ! Ambos nos quedamos en silencio, hasta que me miró y se empezó a reír.
Luego, llegamos al departamento, era de tres ambientes, muy bien decorado y parecía ser cómodo. Sentite como en tu casa, este va a ser tu cuarto, cualquier cosa que precises, me llamas. Muchas gracias-dije- y luego le di un fuerte abrazo. Tenía sesión con el psicólogo, pero me dijo que luego me tocaría el timbre e iríamos a comer.
Eran las 21:10 y estaba esperando que Sebastián toque el timbre. A los pocos minutos, tocó el portero eléctrico y como si fuese una persona de este mundo contesté “Si, ya voy. Ahora bajo”
No fuimos muy lejos, caminamos hasta un café con estilo francés a unas tres cuadras de mi casa. Nos sentamos y al rato vino la mesera. Observé su rostro atentamente y perplejo no pude sacarle la vista. Al igual que en muchos otros bares, restaurantes, las mozas tienen un cartel con su nombre. Miré atentamente a este y decía: Romina, junto a él estaba el logotipo del café.
-Buenas noches caballeros. ¿Van a cenar o simplemente tomar algo?- dijo ella
Por la confusión que me trajo su rostro, decidí dejar que hable Sebastián.
-Solo vamos a tomar algo-
-Muy bien. ¿Qué van a tomar?
-Yo un cortado y mi amigo... -
No podía dejar de mirarla, era hermosa. No era muy alta, sus ojos brillaban al verla y era de buen parecer. Era un rostro conocido para mí, pero no podía recordar de dónde. Me percaté de que me estaba mirando fijamente los dos y dije: -Otro cortado-
-¿Los dos en jarrito o en pocillo?-
Al mismo tiempo, el “Jefe” dijo pocillo y yo en jarrito.
Romina se empezó a reír, y luego, a los pocos segundos, nos contagió a nosotros.
-Es vuestra decisión- dijo ella
No podía abandonar su sonrisa, que no era de compromiso, sino que era real, y se fue
-Sebastián... De algún lado la conozco, estoy más que seguro, lo único que no se dé dónde, pero es realmente muy bella, ¿no es así?
-No te conozco a vos, así que tampoco puedo saber eso.
-Sí, tenés razón.
En ese momento volvió Romina, dejó los cafés sobre la mesa, me sonrió y se fue. Otra vez me quedé vacilando sobre su mirada.
-Lo mejor será que vayas y la encares. Sácate todas las dudas-
-Sí, pero...
-¿Pero que? Ya sos <
-Es que no sé que decirle
-¡Jaja! -Dale, déjate de decir bobadas Arturo. ¿Me vas a decir que no sabés cómo levantarte a una mina?
-Nunca lo hice, al menos eso creo. Sinceramente, no sé, te había contado antes que no recuerdo nada de mi vida.
-Me olvidaba. Perdóname entonces, pero seré claro y preciso. Hay técnicas para enseñar teatro, para aprender piano, entre otras cosas. Sin embargo, para lo relacionado con el amor no existe una técnica. Vos te vas haciendo tu propio “método”, instante a instante pensás y lo incorporas a tu “técnica” mediante el “ensayo-error”, tal como lo dijo un psicólogo que iba cuando era adolescente, que se llamaba Miguel.
Mientras la charla tomaba sabor, bebíamos el café pero en un momento nos miramos y esas mirada significaban <
-Gracias por tu ayuda. Te parecerá raro pero yo pensé que había libros que explicaban el modo de hablarle y conquistar a las mujeres y que todos los hombres del mundo se guiaban por él. Ahora me gustaría que me cuentes vos sobre tu infancia.
-Bien. No fue una etapa sencilla tampoco, pero tampoco fue sufrida. Crecí demasiado rápido, por ejemplo, el pene creció de tamaño muy rápidamente, mi voz se tornó mas grave y demás cosas que hacen ver a uno que está cambiando. Además, mientras yo crecía, ellos, mis compañeros, permanecían igual y me burlaban porque me crecía la barba o porque mi voz era grave. Cuando me reía me molestaban y me decían que era el sonido era como el de un motor.
- Y, ¿con respecto a las mujeres?
-Al principio de la adolescencia, alrededor de los 12, 13 años, empecé a sentir realmente lo que es el amor. Recuerdo a Delfina, a ella le regalaba flores, poemas, que en ese entonces no eran escritos por mí, y demás cosas. La insistí, fui muy cargoso, pero siguiendo el gran consejo de Miguel, mi psicólogo, el de la teoría “ensayo-error”.
-Es interesante esa teoría, y se puede aplicar en cualquier ocasión
Basta de hablar y empezar a actuar fue lo que pensé, llamé a Romina.
Ustedes dirán... No dejaba de tener la mirada fija hacia mí, que me intimidaba y al mismo tiempo me reconfortaba. ¿Qué tortas tienen?.Las que nos quedaron son de dulce de leche con brownie y merengue, manzana con salsa de peras y una de banana con trocitos de naranja y macaruyá.
Mientras hablaba, se me hacia agua la boca. Todas parecen exquisitas, pero, ¿cuál nos recomendás?.La última, la de banana es imponente. No tiene comparación. Tú lo has dicho, que sea esa entonces. Con permiso.
Se retiró y a los pocos segundos, lo hice yo también. Fue a la barra, pidió nuestra torta(No tiene voz gruesa, pero es fuerte) y se dirigió a la mesa 13, que estaba muy cerca de la nuestra. Volvió y se percató de que la estaba esperando. Ese era mi momento, para el cual había esperado casi toda mi vida.
-Pensé que estabas entretenido con tu amigo
-¿Nos conocemos de algún lado o me parece?- Al cajero no le gustó nada que esté hablando con ella, entonces, le hizo señas para que vaya a atender las mesas. Sin vacilar, me quedé allí, junto a la puerta de la cocina esperando que regrese. Me dijo que lo mejor sería que hablemos otro día
Volví a nuestra mesa, la 51.Nunca entendí porque tanto en los cafés como en los bares, las mesas no están en orden los números. Se asombró por el poco tiempo que estuve hablando con ella, pero le expliqué que debía seguir atendiendo las mesas...
La moza, trajo la tan recomendada torta de banana, pero ni a Sebi ni a mí nos gustó. Es más, tenía un sabor amargo y extraño. Aun así, como en tantas circunstancias de la vida, por compromiso y por amor, entre otras cosas, uno debe continuar y actuar como si nada pasara.. Eran la una menos cuarto. Se había hecho tarde y Sebi no vivía muy cerca del bar. Su mujer, Carolina, ya habría vuelto del cumpleaños y sus hijos estarían durmiendo. Para mí, pensar en <
La noche terminó, para variar, pidiendo la cuenta. De chico observaba las típicas peleas de los adultos sobre quien invita. Esta vez, yo no era espectador, sino “co protagonista” de esa historia.
Muchas veces uno se quiere resistir e intenta hacerle creer al otro que tiene ganas realmente de pagar, lo que sería más divertido es si los dos están pensando esto mismo al mismo tiempo. Pero, eso no viene al caso, la pasé muy bien con él, pudimos conocernos –antes simplemente era mi jefe. Además, me incentivó para que siga buscando el libro, que con buen ánimo lo encontraría. Era mi jefe, a pesar de que nuestra relación había cambiado. Romina miraba atentamente a cada uno. Me cansé y pagué con efectivo. No porque esté acostumbrado a que en no pocos lugares hagan descuentos, sino porque en parte estoy en contra de la tecnología. Con su avance, se pierden muchos valores, aunque al mismo tiempo se gane tiempo. Lo peor de todo es que termina con el trabajo de la gente, y ese es uno de las causas de tanta desocupación: las expendedoras automáticas reemplazaron a los vendedores. Otro gran problema en el mundo del Siglo XXI es la explotación.
La noche terminó tal como lo esperaba. Romina me dio un beso, pero no fue uno común, emanaba dulzura por doquier. A través de él, pudo expresar su sentimiento que concordaba con el mío.¿Quién lo hubiera imaginado? Hace horas estaba en un hospital y ahora con una mujer(no era cualquier mujer, era especial).
Locura(no terminado)
Estaba tendido en la cama,el despertador sonó como todos los días a las 06 41.No me sentía bien-era lo que pensaba-,la realidad indicaba que no tenía ganas de ir a trabajar.Pero la realidad "universal" no existe, la realidad en sí no existe porque pensar pensar una cosa en sí misma es una contradicción.¿Por qué? Porque es pensar una cosa en cuanto que no es pensada.Cosa en sí es la cosa pensada por nadie ;y pensar la cosa no pensada por nadie es una contradicción.
No creo que haga falta volver sobre ello, quizás ,lo haga más adelante.
Como decía, estaba en la cama, era realmente muy temprano y el sol entraba a la habitación por la persiana.Jaja.Que me importa si ese de día o de noche, lo único que quiero es ver los cajones de mi escritorio.Los dos son verdes.¡Que tonto!.Hubiera sido un poco más original.¡ Jaja!.
Esa música no para de sonar.Escucho la musica del vecino, las canciones infantiles que me tienen harto.Yo siempre a las 13 00 pongo la sinfonia 29 de Mozart.Oh, que linda melodía.Imposible olvidar sus cuatro sentimientos, eh, no sus cuatro movimientos. Debo reconocer que el segundo, el Andante me vuelve loco.QUizas suena un poco raro, pero me pongo tan feliz que empiezo a bailar.Que tonto que soy deben pensar ustedes.Hagan lo que quieran. Mi mama siempre se quejaba porque dejaba la puerta del placard abierta.¿Que le molesta?, si total, a las pocas horas lo iba a volver a abrir. Asimismo puede ser con el tema de la cama, ¿para qué hacerla si luego se va a volver a deshacer?. Pensamientos de una persona vaga parecen los mios.
Me empecé a tentar de la risa, no me podía contener; hasta que me empezaron a doler los musculos abdominales y tuve que parar.
No creo que haga falta volver sobre ello, quizás ,lo haga más adelante.
Como decía, estaba en la cama, era realmente muy temprano y el sol entraba a la habitación por la persiana.Jaja.Que me importa si ese de día o de noche, lo único que quiero es ver los cajones de mi escritorio.Los dos son verdes.¡Que tonto!.Hubiera sido un poco más original.¡ Jaja!.
Esa música no para de sonar.Escucho la musica del vecino, las canciones infantiles que me tienen harto.Yo siempre a las 13 00 pongo la sinfonia 29 de Mozart.Oh, que linda melodía.Imposible olvidar sus cuatro sentimientos, eh, no sus cuatro movimientos. Debo reconocer que el segundo, el Andante me vuelve loco.QUizas suena un poco raro, pero me pongo tan feliz que empiezo a bailar.Que tonto que soy deben pensar ustedes.Hagan lo que quieran. Mi mama siempre se quejaba porque dejaba la puerta del placard abierta.¿Que le molesta?, si total, a las pocas horas lo iba a volver a abrir. Asimismo puede ser con el tema de la cama, ¿para qué hacerla si luego se va a volver a deshacer?. Pensamientos de una persona vaga parecen los mios.
Me empecé a tentar de la risa, no me podía contener; hasta que me empezaron a doler los musculos abdominales y tuve que parar.
Ascensor (no terminado)
Carmen Bettheit hizo un movimiento con las manos, y Juan, el portero
la divisó y le abrió aquella puerta de un color gris asqueroso.
Buen día, tengo algo para usted.Otra vez, cuántas te dije que digas
que no vivo aca.El portero no respondió y ella enojaba se fue.
Abrió la puerta del ascensor, y denotó que ese señor mayor, que
siempre vestía traje y se lo veía en la esquina fumando, estaba
entrando al edificio.No tenía ganas de esperarlo, aunque estemos
acostumbrados a tanta falsedad, a ser cordiales sin querer serlo.
Pero como este era un hombre mayor, decidió esperarlo.
Que pesado este dia.Si, es verdad; creo que dan lluvia para hoy.Ah. Se
acabó el diálogo.Cuando no saben que mas decir, ni que cordialidad
falsa se puede usar, uno empieza a mirar para abajo, otro mira el
reloj, luego se mete las manos en el bolsillo y observa cuántos pisos
falta para bajarse.Por suerte, ya estaban en el 11,le abrió la puerta
y dijo "hasta luego".¡Oh, qué frase tan falsa!.
la divisó y le abrió aquella puerta de un color gris asqueroso.
Buen día, tengo algo para usted.Otra vez, cuántas te dije que digas
que no vivo aca.El portero no respondió y ella enojaba se fue.
Abrió la puerta del ascensor, y denotó que ese señor mayor, que
siempre vestía traje y se lo veía en la esquina fumando, estaba
entrando al edificio.No tenía ganas de esperarlo, aunque estemos
acostumbrados a tanta falsedad, a ser cordiales sin querer serlo.
Pero como este era un hombre mayor, decidió esperarlo.
Que pesado este dia.Si, es verdad; creo que dan lluvia para hoy.Ah. Se
acabó el diálogo.Cuando no saben que mas decir, ni que cordialidad
falsa se puede usar, uno empieza a mirar para abajo, otro mira el
reloj, luego se mete las manos en el bolsillo y observa cuántos pisos
falta para bajarse.Por suerte, ya estaban en el 11,le abrió la puerta
y dijo "hasta luego".¡Oh, qué frase tan falsa!.
Empuje(no terminado)
"Empuje" decía un cartel negro con letras amarillas, cuando Lucio Simonelli entró a un bar.Encontró tantos lugares no ocupados, que su poder de indecisión era ya incontrolable.Aun así, caminó hacía el final del corredor, mirando a su alrededor y era todo un mundo extraño, ajeno a él.
Llegó al final del pasillo, y tomó asiento en una mesa con dos sillas de madera. Conjutamente, levantó su mano derecha con el fin de hacer la seña para llamar al mesero,pero este no lo vió; entonces, empezó a pensar en el fabuloso mundo de las señas,como así también en su valor,porque todos los "seres humanos" precisamos de el , tengamos "capacidad auditiva" o no.
Empero, como iba diciendo, levantó su mano y el mozó no le correspondió.Lo hizo otra vez, y esta tuvo efecto.El hombre -de unos 50 años,calvo, pero con patillas muy desalineadas- se acercó desde la barra,dónde de a momentos hablaba con otro mesero, y en otros esperaba ansiosamente la llegada de un nuevo cliente.Saludó a Lucio con un seco "Buenas tardes" y le entregó el menú con un gesto no muy amable.No parecía tener un buen día, pero prefería quedarse callado para no empeorar la situación
Llegó al final del pasillo, y tomó asiento en una mesa con dos sillas de madera. Conjutamente, levantó su mano derecha con el fin de hacer la seña para llamar al mesero,pero este no lo vió; entonces, empezó a pensar en el fabuloso mundo de las señas,como así también en su valor,porque todos los "seres humanos" precisamos de el , tengamos "capacidad auditiva" o no.
Empero, como iba diciendo, levantó su mano y el mozó no le correspondió.Lo hizo otra vez, y esta tuvo efecto.El hombre -de unos 50 años,calvo, pero con patillas muy desalineadas- se acercó desde la barra,dónde de a momentos hablaba con otro mesero, y en otros esperaba ansiosamente la llegada de un nuevo cliente.Saludó a Lucio con un seco "Buenas tardes" y le entregó el menú con un gesto no muy amable.No parecía tener un buen día, pero prefería quedarse callado para no empeorar la situación
Supermercado(no terminado)
No tenía más alimento en mi hogar, por lo que me dirigiría al supermercado con el coche. Bajé al garaje del edificio en el ascensor porque si bien eran tres pisos, me sentía cansado para bajar las escaleras. Cada viaje en ascensor es una experiencia nueva. La situación obliga a uno a ser falso y saludar a la otra persona que está allí. Luego de eso ocurre lo típico: mirar qué hora es, observar el visor, mirar para abajo. Para ser cortés, si una persona está a cinco metros, la espera o le pregunta "¿Subís?" .Para ser correcto y seguir con la obligación de la falsedad, cuando uno se baja, a veces llega a decir "Hasta luego". Está implícito que no quiere volver a verlo nunca más, pero continuaré contando como fue ese día.
Como era un edifico bastante grande, había alrededor de cuarenta cocheras. No me acordaba dónde lo había dejado la vez anterior, por lo que deambulé por los dos pisos hasta encontrarlo. Estaba en el de abajo, junto a la camioneta de mi vecino Roshen -el pintor-. Mi coche estaba un poco sucio porque mucho tiempo en la semana para lavarlo no tenía, tampoco que alguien lo haga. Quizás, algún día que esté de buen ánimo lo haga. Era pequeño -solo entraban tres personas-, aunque una vez entramos cuatro personas apretadas. Afortunadamente fue un viaje corto, pero como decía mi auto no era grande, era rojo y estaba bastante sucio. A pesar de esas cosas estéticas, funcionaba muy bien. Intenté introducir la llave en la cerradura, pero no tuvo efecto. Siempre me pasaba lo mismo. En ese llavero tenía tantas llaves idénticas que me confundía la mayoría de las veces. Finalmente, luego de haber estado alrededor de cinco minutos alternando las llaves, pude entrar y me encontré con el desorden de siempre. Como soy soltero y supongo -por como viene la situación - que continuará todo así, aprovecho que muy pocas veces llevo a alguien y es en la parte trasera dónde dejo libros,carpetas y papeles sueltos. Apreté con el dedo índice el botón del control remoto para que el portón se abra
Como era un edifico bastante grande, había alrededor de cuarenta cocheras. No me acordaba dónde lo había dejado la vez anterior, por lo que deambulé por los dos pisos hasta encontrarlo. Estaba en el de abajo, junto a la camioneta de mi vecino Roshen -el pintor-. Mi coche estaba un poco sucio porque mucho tiempo en la semana para lavarlo no tenía, tampoco que alguien lo haga. Quizás, algún día que esté de buen ánimo lo haga. Era pequeño -solo entraban tres personas-, aunque una vez entramos cuatro personas apretadas. Afortunadamente fue un viaje corto, pero como decía mi auto no era grande, era rojo y estaba bastante sucio. A pesar de esas cosas estéticas, funcionaba muy bien. Intenté introducir la llave en la cerradura, pero no tuvo efecto. Siempre me pasaba lo mismo. En ese llavero tenía tantas llaves idénticas que me confundía la mayoría de las veces. Finalmente, luego de haber estado alrededor de cinco minutos alternando las llaves, pude entrar y me encontré con el desorden de siempre. Como soy soltero y supongo -por como viene la situación - que continuará todo así, aprovecho que muy pocas veces llevo a alguien y es en la parte trasera dónde dejo libros,carpetas y papeles sueltos. Apreté con el dedo índice el botón del control remoto para que el portón se abra
¿"Ser humano?"
Quisiera poder abrir los ojos
contemplar nuevamente tu belleza
otra vez
Deseo poder abrir la boca
para sentir tus labios
poder expresarte lo que siento
Anhelo sentir mis manos nuevamente
poder abrazarte
solo una vez mas
Me abandono en mis pensamientos
logro adentrarme en lo más recóndito de mi corazón
cúan débil el ser humano es
frágil como la taza de té
Delicado como las mujeres
resistente como el plástico
esplendente como el crístal
espontáneo como el teatro
Eufórico
despreciativo
inconsciente
insensato
Siempre desea más
no entrega lo propio
Pero, realmente
el hombre se asemeja a sí mismo
contemplar nuevamente tu belleza
otra vez
Deseo poder abrir la boca
para sentir tus labios
poder expresarte lo que siento
Anhelo sentir mis manos nuevamente
poder abrazarte
solo una vez mas
Me abandono en mis pensamientos
logro adentrarme en lo más recóndito de mi corazón
cúan débil el ser humano es
frágil como la taza de té
Delicado como las mujeres
resistente como el plástico
esplendente como el crístal
espontáneo como el teatro
Eufórico
despreciativo
inconsciente
insensato
Siempre desea más
no entrega lo propio
Pero, realmente
el hombre se asemeja a sí mismo
Poder de elección
Sin poder de elección
acaso, ¿tán débil soy?
dejame ser tal cuál soy
no lo creo.
Elegir por mí mismo
es lo que deseo
dentro de mí, una voz que grita
quizás nunca logre escucharla
Libertad
expresarse sin censura
por favor
gracias
Basta de sufrir
de dejarme llevar por ellos
¿quiénes se creen?
He decidido poner fin
dejaran de manipularme
libre por siempre
acaso, ¿tán débil soy?
dejame ser tal cuál soy
no lo creo.
Elegir por mí mismo
es lo que deseo
dentro de mí, una voz que grita
quizás nunca logre escucharla
Libertad
expresarse sin censura
por favor
gracias
Basta de sufrir
de dejarme llevar por ellos
¿quiénes se creen?
He decidido poner fin
dejaran de manipularme
libre por siempre
Hundido
Hundido
sumergido en aguas tempestuosas
Abatido,
pretendo esconderme
Solo en este mundo,
encerrado por temor,
no encuentro la salida,
desolado,
Todo es triste y frio
sin escapatoria,
soledad es lo que único que puedo apreciar
encontré en ella mi felicidad
sumergido en aguas tempestuosas
Abatido,
pretendo esconderme
Solo en este mundo,
encerrado por temor,
no encuentro la salida,
desolado,
Todo es triste y frio
sin escapatoria,
soledad es lo que único que puedo apreciar
encontré en ella mi felicidad
Mundo
Mundo capitalista
todos esforzandose por ganar más
Basta de apartarse del mundo
sociedad excluyente
¿porqué no integrarse?
¿Qué fue de la palabra compartir?
ya no existe entre nosotros
"seres humanos"
todos
viviendo en una unidad común
todos esforzandose por ganar más
Basta de apartarse del mundo
sociedad excluyente
¿porqué no integrarse?
¿Qué fue de la palabra compartir?
ya no existe entre nosotros
"seres humanos"
todos
viviendo en una unidad común
Estrella Fugaz
Estrella fugaz
a mi me mirás
dónde estás
no te escóndas más
Valeria
no pude conquistarte
tampoco, podré olvidarte
Ese amor que no fue
esa historia que no pudo existir
solo te pido
que no te escápes
Te buscaré
estarás por siempre
en lo más recóndito de mi corazón
a mi me mirás
dónde estás
no te escóndas más
Valeria
no pude conquistarte
tampoco, podré olvidarte
Ese amor que no fue
esa historia que no pudo existir
solo te pido
que no te escápes
Te buscaré
estarás por siempre
en lo más recóndito de mi corazón
Esclavo de sus ojos
Tu mirada,
Me pasmó,
dejandome perplejo,
Esclavo de sus ojos
me guías en la oscuridad
por siempre dentro de mí
Caminaba lentamente
en ese instante
mi vida cambió por siempre
nuestras miradas se cruzaron
Pude percibir su belleza
sentir la frescura de tu cabello
busco la ruta que permite llegar hacia ti
en este devenir de la vida
Me pasmó,
dejandome perplejo,
Esclavo de sus ojos
me guías en la oscuridad
por siempre dentro de mí
Caminaba lentamente
en ese instante
mi vida cambió por siempre
nuestras miradas se cruzaron
Pude percibir su belleza
sentir la frescura de tu cabello
busco la ruta que permite llegar hacia ti
en este devenir de la vida
Alrededor
Inesperadamente
todo terminó
quizás, nunca habia empezado
El amor se consumió
los vientos cesaron
solo
silencio
El juego llegó a su fin
sin más sentir
sufriré de soledad,
siendo un abismo del silencio
Solo en este mundo,
no encuentro la salida,
desolado,
sin escapatoria.
Tendré que ser muy fuerte
recodar el amor más cálido que existió
¿será que te quise tanto?
A mi alrededor
solo el recuerdo
nostalgia
Miradas y palabras
alegrias y tristezas
en lo más recóndito de mi corazón
Allí,
quedarán por siempre tus miradas,
estarás por siempre
dentro de mí
No lloraré por tu amor
nadie quitara de mi
ese amor que fue
esa historia que pudo existir
todo terminó
quizás, nunca habia empezado
El amor se consumió
los vientos cesaron
solo
silencio
El juego llegó a su fin
sin más sentir
sufriré de soledad,
siendo un abismo del silencio
Solo en este mundo,
no encuentro la salida,
desolado,
sin escapatoria.
Tendré que ser muy fuerte
recodar el amor más cálido que existió
¿será que te quise tanto?
A mi alrededor
solo el recuerdo
nostalgia
Miradas y palabras
alegrias y tristezas
en lo más recóndito de mi corazón
Allí,
quedarán por siempre tus miradas,
estarás por siempre
dentro de mí
No lloraré por tu amor
nadie quitara de mi
ese amor que fue
esa historia que pudo existir
